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OPINIÓN: Por una conferencia en defensa de la agricultura y el mundo rural, el 16 de marzo

Queremos realizar esta conferencia en Defensa de la Agricultura para avanzar y concretar propuestas en la lucha contra las cuestiones organizadas desde el Poder Político y Económico que hoy golpean a las pequeñas y medianas explotaciones agrarias y repercuten con fuerza en el conjunto del mundo rural.

Las políticas agrícolas aplicadas por los gobiernos de la Unión Europea provienen en gran medida de las formuladas inicialmente en la constitución del Tratado de Roma en 1958. En el Tratado se establecían como objetivos prioritarios: incrementar la productividad agrícola, fomentando el progreso técnico y asegurando el empleo óptimo de los factores de producción, en particular, de la mano de obra; garantizar un nivel de vida equitativo a la población agrícola; estabilizar los mercados; garantizar la seguridad de los abastecimientos; asegurar precios razonables a los consumidores. Posteriormente, a estos objetivos, la Comisión europea ha añadido otros a lo largo de los años. El Pacto Verde Europeo de noviembre de 2019 y la Estrategia «De la Granja a la Mesa» y la Estrategia sobre la Biodiversidad de aquí a 2030, publicadas por la Comisión en mayo de 2020, confirman el creciente carácter transversal de las cuestiones agrícolas y alimentarias.

Sin embargo, las movilizaciones de los agricultores en estas últimas semanas ponen de relieve que las políticas aplicadas en la consecución de estos objetivos no han dado resultado en la mayoría de los aspectos. Las pretensiones comunitarias tienen un fondo político y económico que está arruinando a los agricultores, favoreciendo la penetración y concentración de la propiedad de la tierra en las grandes explotaciones agrarias propiedad de fondos de inversión y multinacionales.

Las contradicciones inherentes al desarrollo del capitalismo, con la agenda 2030 y los objetivos de desarrollo sostenible forman parte de una dialéctica que está presente y se manifiesta con todas sus fuerzas, se mire por donde se mire, en la disminución de las rentas agrarias y en el vaciamiento del mundo rural. Nos encontramos con un modo de producción capitalista que se tambalea y se mueve a base de crisis recurriendo para su sostenimiento a la destrucción de las fuerzas productivas, de la naturaleza y del ser humano, ante la incapacidad de alcanzar unos objetivos basados en la igualdad entre personas, la protección del planeta y asegurar la prosperidad para todos y todas.

Sin embargo, las directivas que se ponen en movimiento desde las instituciones de Bruselas mantienen ese funcionamiento económico y social que poco tienen que ver con los objetivos iniciales del Tratado. Poco tiene que ver con encontrar soluciones a lo que está ocurriendo en el campo. En las sociedades rurales las desigualdades sociales crecen paralelas al vaciamiento del mundo rural, a la vez que el planeta se calienta con todas las repercusiones para la vida y las acciones políticas que se toman en Bruselas complican las cosas.

Los recortes sociales que realizan los gobiernos unidos a las falacias de los objetivos de la agenda 2030 y el Pacto Verde buscan asegurar el beneficio de las grandes empresas Transnacionales que no se detienen ante la destrucción de la naturaleza y de la vida, ante la explotación laboral de las clases trabajadoras, la ruina de las pequeñas empresas y explotaciones agrarias. Estas grandes Transnacionales siempre históricamente recurren a las guerras, a los negocios de las industrias de las matanzas humanas y la producción armamentística como instrumentos imponderables para compensar la caída de las tasas de beneficios

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