El Vinatero de Honor este año de la ‘Velá’ de la Coronada es más que conocido en el barrio y en todo el pueblo. Toni, del Bar Rayuela, recibirá este reconocimiento con emoción y humildad recordando al que fue el origen de todo, su padre.
“Para mí es un premio compartido, sobre todo con mi padre Fernando, que fue quien levantó Rayuela allá por los años 80”, declara en esta entrevista a La Gaceta Independiente.
El bar abrió sus puertas en 1983, aunque la idea germinó un poco antes, cuando su padre, hombre activo y decidido que trabajaba en la Fundición, vio aquel local vacío en lo que posteriormente fue la tienda de fotografía conocida como ‘Canario’ y pensó que era una pena dejarlo así.
“Dio el paso y se lanzó a abrirlo. Yo era el hijo que estaba más libre, tenía 16 años, y me metí con él desde el principio. Fue un reto, pero poco a poco nos fuimos haciendo al negocio, con la ayuda de mis hermanos”, recuerda Toni.
Desde entonces, Rayuela se convirtió en mucho más que un bar: un lugar de encuentro en el barrio, un punto de reunión para generaciones de vecinos y clientes que han hecho de esta esquina en el barrio de La Coronada parte de sus vidas.
Rayuela, un bar con historia
Poco después, montaron el bar que hoy se conoce como Rayuela en lo que era una cochera y que se mantiene tal y cual desde entonces, siendo uno de los bares más antiguos del pueblo junto a otros cercanos como el Everest o el Copacabana.
En su memoria se agolpan muchas anécdotas: desde aquellos carnavales en los que el recién inaugurado nuevo local fue confundido con una farmacia porque iban disfrazados, hasta las múltiples noches de copeo en las que los bares del barrio se convertían en un triángulo de idas y venidas.

“La gente siempre nos acogió con cariño en el barrio, desde el principio sentimos que estábamos en casa. Y eso es lo más importante: saber que la gente sigue apoyándote después de tantos años”, confiesa.
El secreto, según Toni, no es otro que trabajar con cercanía y respeto. “Aquí hemos visto pasar varias generaciones. Me emociona ver que los chavales que venían con sus padres ahora traen a sus propios hijos. Eso significa que algo hemos hecho bien”.
El vino, la cocina y las fiestas
Aunque los hábitos han cambiado con los años, hay cosas que permanecen: la cerveza fresquita, los vinos de la tierra y las raciones que saben a feria. “A mí me gusta ofrecer lo nuestro, los vinos de aquí, porque tienen calidad y merecen ser conocidos. Alguna vez algún cliente de fuera se ha llevado una botella a su casa encantadísimo”.
Las Fiestas de la Coronada también tienen un papel especial en su historia. “Al principio, apenas había unas casetas, la novena y poco más. Con el tiempo la fiesta ha crecido mucho y los bares nos implicamos para ofrecer lo mejor. Eso también le ha dado vida al pueblo y a su gente”, cuenta.
El valor de un equipo
Detrás de la barra y las mesas, Toni no olvida que Rayuela también es lo que es gracias a quienes han trabajado con él. “Tengo empleados que llevan conmigo décadas, y eso solo es posible si están a gusto. Siempre hemos intentado que se sientan parte de la familia, que puedan hablar, pedir lo que necesiten y disfrutar de su trabajo. Porque lo difícil no es trabajar en la hostelería: lo difícil es trabajar y disfrutarlo a la vez”.
En un momento en el que muchos jóvenes rehúyen la hostelería por sus exigencias, Toni lo ve claro: “Este oficio tiene que gustarte. Hay que saber tratar con la gente, tener paciencia y ganas. Pero si lo llevas dentro, te da muchas satisfacciones”.

Un bar con futuro
¿Y qué pasará con Rayuela en el futuro? Toni sonríe y no cierra ninguna puerta: “Si alguno de mis empleados quisiera quedarse con el bar, a mí no me importaría. Lo importante es que no se pierda lo que hemos construido entre todos. Porque Rayuela ya no es solo mío ni de mi familia: es de todo el barrio”.
Con el reconocimiento de Vinatero de Honor, Toni y Rayuela se confirman como parte viva de la Coronada, símbolo de cómo los bares de toda la vida son mucho más que un negocio: son memoria, tradición y hogar compartido.

