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La historia de Fernando con el cáncer depróstata: prevenir también es cosa de hombres

Fernando Márquez tenía 54 años cuando su vida dio un giro completo tras acudir al médico por un simple resfriado. Fue su médica de cabecera quien, tras revisarle la garganta, le recordó que por edad debía revisar la próstata. Aceptó un tacto rectal y, tras una analítica y una biopsia, llegó el diagnóstico: cáncer de próstata localizado.

“Lo primero que piensas cuando te dicen que tienes cáncer es que te mueres”, recuerda. Pero no fue así. Aquel hallazgo inesperado se convirtió en una oportunidad para cambiar de vida. Como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga, porque desde entonces ha aprendido a vivir de una forma más consciente: dejó el alcohol, empezó a hacer ejercicio y a cuidar su cuerpo.

Después del diagnóstico llegaron meses de pruebas, la cirugía abierta -con extirpación de próstata y vesículas seminales- y una recuperación lenta y dolorosa. “Cuando me quitaron la sonda, me orinaba como un niño recién nacido. El pañal es horrible, da muchísima calor y te desespera”, confiesa.
Agricultor de toda la vida, decidió incorporarse al trabajo poco después de la operación. El campo fue su refugio mental, aunque reconoce que, tras un año con pañales, tuvo que tomar las riendas de su vida.

Comenzó entonces a buscar soluciones hasta que encontró a la experta en readaptación deportiva y suelo pélvico, Teresa Monzú. Con constancia, pasó de los pañales a pérdidas mínimas. Fue ahí cuando también dejó el alcohol y notó un cambio radical, física y emocionalmente.

Romper el silencio viril

La otra gran secuela habitual de esta enfermedad es la disfunción eréctil, una de las más difíciles de afrontar. “El problema es que afecta a la virilidad, el hombre se siente hombre por el pene y cuando ves que no eres activo, piensas que no vales para nada, aunque hay muchas formas de disfrutar del sexo con tu pareja no solo la penetración, en ese momento no lo ves”, confiesa.

Probó pastillas e inyecciones sin resultado hasta que optó por una prótesis de pene inflable, una intervención que le devolvió la confianza. “No se ve, está dentro del cuerpo. Lo activas y tienes una erección normal”, explica. Hoy, con 59 años, lo dice sin rodeos: “La virilidad no está solo en el pene. Lo difícil no es operarse, lo difícil es hablarlo y romper el silencio”.

El psicooncólogo de la Asociación Oncológica Extremeña (AOEX), Valentín Gil, habla en el mismo sentido: “cuando te diagnostican un cáncer, sea cual sea, pierdes tu identidad, porque lo que nos define es lo que hacemos cada día: levantarte, ir al trabajo, cuidar de los tuyos. Y todo eso se corta de golpe”.
En el caso del cáncer de próstata, añade, “esa pérdida se multiplica porque afecta a una zona íntima, vinculada a la masculinidad y la sexualidad. Muchos hombres sienten que dejan de ser ellos mismos”.

Gil insiste en que “hay que romper el silencio y aceptar que la sexualidad forma parte de la salud. Igual que se trata una cicatriz o una pérdida de movilidad, hay que tratar la función sexual sin tabúes”. Recuerda además que la disfunción eréctil “es una secuela frecuente y tiene soluciones médicas eficaces, pero también exige un acompañamiento psicológico y de pareja”.

En el caso de Fernando, no necesitó de acompañamiento psicológico, pero el apoyo y la alegría de su mujer han sido clave en la recuperación.

Conciencia azul

Fernando y Valentín seguirán dando visibilidad a este tema el próximo 13 de noviembre en la Casa de la Cultura de Villafranca de los Barros, dentro de una charla organizada por AOEX con motivo del Noviembre Azul, el mes dedicado a la salud masculina.

“Hay muchos hombres que dicen que ‘por atrás ni el aire’ y solo por eso no se hacen ni la prueba médica”, señala Fernando, convencido de que la educación sanitaria y la naturalidad pueden salvar vidas.
“Antes las mujeres tampoco hablaban del cáncer de mama, cuando les cortaban un pecho lo llevaban en silencio. Hoy se ha normalizado tanto que lo cuentan sin tabúes, salen en televisión, participan en campañas… y eso ha salvado muchas vidas”, reflexiona.

Como ocurrió con las campañas del cáncer de mama, la conciencia social es lo que convierte la detección temprana en una herramienta real. “Yo hasta que me lo diagnosticaron no tenía ni idea de lo que era el PSA, un parámetro que con un simple análisis de sangre puede indicar riesgo”, reconoce.
“Como hombre, piensas que eso le pasa a otro. Igual que mi padre, que le detectaron cáncer de próstata después que a mí, o mi abuelo, que murió de cáncer de estómago, pero que lo mismo venía también de la próstata y nunca se lo miró”.

Hombres, cuidaos

Los datos respaldan esa llamada a la prevención. El cáncer de próstata es el tumor más común en hombres, con unos 35.000 casos nuevos cada año en España y cerca de 6.000 muertes. Uno de cada ocho varones será diagnosticado a lo largo de su vida. Sin embargo, la mayoría de los casos detectados a tiempo se curan.

“Después de cierta edad hay que ir al médico, hacerse una analítica, aunque estés bien. Los hombres nos creemos invencibles y no lo somos. Igual que las mujeres van al ginecólogo, nosotros tenemos que revisar nuestros órganos y cuidar nuestra salud. Si tú no vas, nadie lo va a hacer por ti”, insiste Fernando.
Valentín Gil lo resume con una frase: “La prevención es curar y es dar vida.”

En su experiencia, muchos hombres llegan tarde no por falta de recursos, sino por miedo, desinformación o vergüenza. Por eso, AOEX ha puesto en marcha el ‘teléfono verde’ (681 315 631 · telefonoverde@aoex.es), un servicio gratuito de apoyo psicológico y orientación para pacientes con cáncer de próstata, activo desde 2021 y por el que ya han pasado casi un centenar de extremeños.

Fernando lo tiene claro: “Cuidarse no te hace menos hombre, te mantiene vivo.” Porque detrás del pudor, del “a mí no me va a pasar”, se pierden años de vida. Y porque el cáncer de próstata detectado a tiempo, se cura.

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