“El otro desaparece.” Chul Han
“Lo místico es el sentido del mundo.” Wittgenstein
No creo que se pueda decir más de lo místico salvo expresarlo, mostrarlo por medio del arte y de la acción. Lo místico y lo inefable; e inefable significa que no se puede decir; como no se puede decir, pues hay que callar. Pero muchos místicos a lo largo de la historia han hablado, o bien mediante el arte, la acción, predicando,… de múltiples formas. Pero, apostaría, que la inmensa mayoría de ellos, además, eternos desconocidos, han optado por el silencio. Porque místicos hay muchos, desde un gran Lama, un Abad, un monje de clausura, un eremita, un servidor de cualquier necesitado que vive para el que sirve (quizás sea ésta la mayor entrega del místico. Aunque aquí hay que tener cuidado, tan loable y místico es el trabajo de un profesor con el que no tiene acceso a la educación, que lo puede hacer libre, como el de un médico, como el de aquel que se tira al barro y siembra junto con el campesino indigente y le enseña y pasa las mismas penalidades que él). Los movimientos de liberación de la opresión humana confunden todo esto que es muy complejo. Generalmente sólo piensan en el que se tira al barro (hay un poco de narcisismo en esto y autocomplacencia), no en el que ha dejado un mundo de oportunidades en el primer mundo y pone su vida en peligro diseñando edificios, puentes, carreteras, enseñando. Es la herencia de aquellas nefastas palabras de Marx “Hasta ahora los filósofos lo que han hecho es interpretar el mundo lo que hace falta es transformarlo), que cuanto más pienso en ellas más ignorancia veo y, lo peor, más violencia, incomprensión, abundar en la desigualdad fomentando una igualdad aritmética, odio, rencor, resentimiento y un ataque a la virtud, que no es ni más, ni menos, que areté (excelencia). El que se cultiva a sí mismo se hace excelente, el que no, simplemente es un mediocre que se deja arrastrar por la pereza o, si quieren, por la entropía ética. Y nada más. Si queremos mejorar hay que llamar a las cosas por su nombre y no ser tibios, ni andar con paños calientes…
De modo que, nos desviamos del tema, de lo místico no se puede hablar pero se muestra en el hacer. Ahora bien, para que lo místico se muestre en el hacer hay que haber llegado a lo místico. Me explico, el místico no es un profesional, no es un productor, un competidor,… Vive desde lo místico, desde los parámetros que exceden la sociedad deshumanizada, cosificada, mercantilizada y de consumo. Todo lo contrario, su quehacer, su vida, nos extraña, precisamente por eso. Porque está fuera de este mundo, pero actúa en el mundo bajo unos valores, que él no siente como tales, que están más allá de este mundo. Entonces resulta que hay más de los que parece. Que hay más gente que se dedica en cuerpo y alma y toda su vida a eso. Que no tira la toalla, que no lo oirás decir, “es que las cosas son así y no se pueden cambiar”. (Esas son las palabras de un derrotado, lo cual denota lucha, pero también las de un cínico). Para el místico, ni hay cosas inmutables, ni hay un orden establecido desde fuera al que se obedece por sistema. El místico es un radical, un antisistema, pero no de ropa y de formas, sino de dichos y hechos, es alguien con esperanza, aunque pueda ser racionalmente un pesimista. Pero el pesimismo, como el optimismo, son posiciones racionales, argumentaciones,… en cambio, la esperanza y la desesperanza son formas de estar en el mundo, formas de habitarlo. La esperanza da sentido, no piensa en el optimismo o el pesimismo, porque estos están instalados en el tiempo; en cambio, la esperanza es un estado del Ser. Es más, me inspiro ahora en Chul Han y creo que no lo copio, pero si así fuera, tanto que me da o, lo que es lo mismo, inmensamente agradecido, puesto que las ideas están ahí y uno las capta con la ayuda de un montón de circunstancias a las que debe agradecimiento. Hablar en este tono de la esperanza se lo debo y se lo agradezco inmensamente a Chul Han, pero ya estaba dentro, porque, en realidad estaba fuera, en el inconsciente colectivo. Y esto es precioso, una maravilla, una conversación íntima y privada de la humanidad (de uno con otro de todos los seres que hemos existido, hemos pensado, escuchado música, caminado por el campo, contemplado el mar, una puesta de sol); pero, a la par, pública y publicada (otra cosa es que se hay olvidado leer y escuchar. Porque vídeos hay muchos, pero no se escuchan, para empezar porque la inmensa mayoría duran un par de minutos y no tienen texto. Es triste y gracioso, pero nos estamos volviendo idiotas, no en el sentido griego, que ya lo éramos, en el sentido políticamente incorrecto). Y no olvidemos que somos lenguaje, que nos construimos con el lenguaje. No hay nada que a uno le produzca mayor placer intelectual y espiritual, que ese diálogo con el resto de la humanidad, ese diálogo que te ofrece nuevas formas de ver el mundo. Y, una nueva forma de ver el mundo es una nueva forma de sentirlo. En definitiva, es habitar un mundo nuevo. Y uno puede habitar innumerables mundos a lo largo de su vida. Sólo hace falta escuchar al que está a tu lado y a los muertos que tienen algo que decirte por medio del arte, la ciencia, el pensamiento o la acción.
Recuerdo que, cuando muy joven, me decían que qué hacía perdiendo el tiempo con los libros y la música clásica, o el deporte en solitario, o el cine, también solitario (se va al cine solo, no en manada). La verdad, me hería bastante. Tenía argumentos, pero no los podía esgrimir. Ni los entendían, ni los querían entender porque los ponía en evidencia, no yo, el argumento. Ahora, no es que la cosa haya cambiado, que va, es peor, el mundo se ha vuelto narcisista, pero no entienden a los que han elegido la soledad. (Parece contradictorio, pero no lo es: el narcisista es un solitario obligado, el solitario es un filántropo disfrazado). Cuando joven sentía rabia por incomprensión y por imposibilidad de esgrimir mis ideas. Ahora, la incomprensión es mayor y uno ya ni tiene fuerzas, ni quiere y, lo mejor, no merece la pena: la Compasión es la virtud de hacerse viejo, junto con otras. Uno está instalado en el placer de ese diálogo con la humanidad. Ese diálogo que le permite considerar a los otros con los que se cruza por la calle, como lo que son, otro yo, como un alguien, no un Nadie, que dice José Barrientos (de ahí que renunciase al Decanato e imparta sus clases en las tres mil viviendas de Sevilla y en las cáceles; por que están llenas de nadies. (SI ALGÚN PAPEL TIENE LA FILOSOFÍA ES HACERLE PENSAR A UN NADIE QUE ES ALGUIEN). Cuidado con esto último que digo, porque las calles, el mercado, los hospitales, las oficinas, las escuelas,….están más llenas de Nadie, que de Alguien. Piensen esto. Porque éste también es el mismo papel del místico. El de mostrar el valor inmenso que atesoramos. Cada uno de nosotros no somos, ni más ni menos, que la historia de todo el universo, del que nos diferenciamos desde el momento de la fecundación. Pero nos diferenciamos muy parcialmente. Seguimos siendo UNIVERSO. Natura sive deus, si me lo permiten, aunque esta formulación es ya tan manida que, aunque la dijera mi admirado Spinoza, ya no me gusta, o me gusta, pero me es insuficiente. Para su tiempo fue revolucionaria. Ahora es escasa.
De modo que el místico no es más que aquel que es consciente de lo que Es. Por eso está en COMUNIÓN con todo lo demás. El que no lo es, sufre, porque siente la soledad, el abandono, la ruptura de la separación. Por eso el místico no puede decir, solo mostrar, porque el Todo es innombrable, pero puede acompañar al que sufre, al que busca, o al que no busca porque anda perdido. Y, en esta labor, que en el budismo es la vía de la Compasión del bodhisattva, en el cristianismo es el amor al prójimo, pero que ya está en el judaísmo en el AT, y que se representa, para ver si así nos enteramos de una vez, con la parábola del buen Samaritano. Que, por cierto, tiene más cosas, que nunca se dicen, para empezar, lo del samaritano en comparación con el resto de personal ilustre de la religión y el poder que pasa por delante del malherido. ¿No les suena esto al problema racial? ¿No les suena al problema del orden mundial en el que se globaliza el dinero y a los hombres se los cosifica mediante el consumo y se los separa con vallas electrificadas? Pues esto también está en la parábola y lo dijo uno de los mayores místicos, junto con Sócrates y Buda. Dirán que qué pinta aquí Sócrates. Pues Sócrates muestra a sus conciudadanos, a título individual, qué es ser un buen ciudadano, qué es ser un ciudadano virtuoso (excelente). Y que eso no tiene nada que ver ni con el dinero, la riqueza, las posesiones, la influencia política, el engaño, la extorsión,… como diría después un estoico (todo lo que vino detrás de Sócrates es una respuesta a su interrogante y su interrogante es la vida que vivió, así como la muerte que eligió. No es una nota a pie de página de Platón, como se ha dicho. Platón fue un farsante en lo referente a Sócrates, pero ése es otro tema): “Nada de esta vida que no te puedas llevar a la tumba merece la pena”.
Pues eso, por ir cerrando ya, aunque siempre en mis escritos lo que hago es abrir cajones y, encima, dejarlos abiertos, pero bueno, es tarea para el hipotético lector, que ya es mucho. El místico nos muestra una realidad habitada, viva. El místico nos muestra la falta o ausencia de dualidad, que no de pensamiento, nos muestra el afán y quehacer ético, nuestro propio autocultivo. Nos muestra que hemos vivido en el error, pero que era necesario tomar consciencia del error. Pero, cuidado, no basta con tomar consciencia. Hay que trabajar. Y trabajar no es hacer un cursillo de fin de semana, sino dedicar cientos, o miles de horas al estudio, la comprensión y la emulación, por ejemplo, de un Francisco de Asís, o de un Poul Klee, un Walter Benjamin, una Anna Harendt, un Sócrates, un Leonardo da Vinci… Sólo un favor, dejen el mercado. Lo fácil no lleva a ningún sitio, perdón, sí, a la mediocridad (esto no es un calificativo despectivo, sólo una descripción fenomenológica).
