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Las políticas de la UE

Las políticas de la UE, desde hace décadas y bajo diferentes pretextos, van dirigidas a favorecer la concentración de la propiedad de la tierra y de las industrias de transformación de productos agrícolas y ganaderos en manos de multinacionales y fondos de inversión.

1.- La importante reducción del sector agrícola y ganadero en los años 80 fue el pretexto utilizado por el gobierno para entrar en la CEE, lo que se llevó a cabo mediante la subvención al arranque y abandono de cultivos. Aquellas transformaciones en el campo nos convirtieron progresivamente en compradores de productos alimenticios en mercados exteriores y nos alejaron de una soberanía alimentaria, perfectamente posible. En otros casos a las políticas de la UE se sumaron las guerras de precios impuestas por multinacionales. Los fondos de la Política Agraria Comunitaria (PAC) de la UE hasta el año 2000 se repartían en función de la producción, desde entonces subvencionan las hectáreas. En consecuencia, los dineros van, sistemática y preferentemente a los bolsillos de los grandes terratenientes y empresarios. Como símbolo, la mayor perceptora de fondos de la PAC es la Casa de Alba, la mayor latifundista de España (34.000 hectáreas), que recibe más de tres millones de euros anuales. La fallecida duquesa de Alba fue nombrada en 2006 por el gobierno del PSOE Hija Predilecta de Andalucía. A la Casa de Alba le siguen como perceptores de la PAC, entre otros, los Domecq, Mercadona, Ebro Foods, Don Simón, Campofrío, etc.

2.- El malestar del campo ha estallado tras acumularse en estos últimos años a causa de un programa común conscientemente organizado para favorecer a los grandes Monopolios y Multinacionales. Este conjunto de factores no son fruto de ninguna mano invisible, sino de acciones políticas perfectamente identificables

El Foro Económico Mundial de Davos, en el que se reúnen anualmente los mayores ladrones y criminales del mundo, puso en escena la “Agenda 2030”, con el eslogan de “no tendrás nada y serás feliz” y la vistió de colorines (verde, violeta, naranja, etc) al más puro estilo postmoderno. El hecho es que consiste en la implementación coordinada de políticas  en EE. UU. y, sobre todo, en la UE  dirigidas a la expropiación acelerada de derechos laborales y de servicios públicos a las poblaciones trabajadoras, y la destrucción sistemática de la pequeña y mediana empresa.

Lo que está ocurriendo con los alimentos muestra bien claro quiénes pagan la fiesta de los intermediarios y los grandes supermercados. Los precios de alimentos básicos en origen y destino evidencian el descomunal robo, tanto a los productores, como a los consumidores, por parte de quienes, en muchos casos como en el de Mercadona, son perceptores de grandes subvenciones de la PAC. El precio que paga el consumidor por productos básicos de la cesta de la compra multiplica en porcentajes que llegan hasta el 900 % el pago que recibe el productor por los mismos. 

Las políticas de la UE que prohíben o restringen el uso de fertilizantes, plaguicidas y otras sustancias nocivas para la salud, no impiden la venta masiva a precios más bajos de productos provenientes de países que no aplican estas normas. La consecuencia es obvia: comemos a precios muy elevados productos con sustancias nocivas para nuestra salud, comprados por las grandes superficies a precios muy bajos, mientras se arruina nuestra agricultura y ganadería. 

Otro tanto ocurre con los Fondos Next Generación de la UE, que utilizando como justificación el cambio climático y disfrazados de objetivos de “descarbonización” y de “protección del planeta” van a parar a las grandes multinacionales que “siembran” el campo de huertos solares y parques eólicos. Los 31.000 megavatios eólicos y solares autorizados se la llevan Enel (Endesa/Italia), Total (Francia) y las “españolas” Iberdrola, Solaris o Capital Energy. Los cambios en los procesos productivos así inducidos provocan la ruina de quienes no pueden competir porque las grandes multinacionales tienen en sus manos la tecnología “verde”, impuesta y financiada con fondos públicos.

La elevación de los precios de la energía, haciéndolos inasequibles para muchos, tiene relación directa con voladura del Nord Stream por parte del imperialismo anglosajón, que obliga a comprar más caro a EEUU o a terceros países el gas y el petróleo ruso, y el reconocimiento por el gobierno español de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara, que además de una traición a su pueblo, encarece o elimina el suministro de gas argelino a empresas españolas. 

El aumento inusitado de los tipos de interés por parte del BCE, para “controlar” una inflación provocada en gran medida por sus propias políticas. Las sanciones a Rusia por parte de la UE desde 2014, prohibiendo el comercio con ese enorme país han supuesto un duro golpe para las exportaciones agrícola y ganaderas que llegaron a alcanzar en 2013 los 600 millones de euros. Además, la importación de cereales a bajo precio de Ucrania, cuyas tierras están en mano de Monsanto y BlackRock que con el permiso de la UE venden sus granos a los países europeos. 

3.- Los agricultores y ganaderos europeos han desbordado a las organizaciones tradicionales, que se dedicaban y aún se dedican a llamar a la calma y a intentar apagar el incendio con reuniones y falsas promesas de negociación. La lucha de los agricultores ha conectado con los intereses populares que ven cómo sus exiguos salarios y pensiones pierden capacidad de compra ante la avalancha de las subidas de precios de los alimentos que manipulan los grandes monopolios de la distribución y la venta. Las luchas actuales continuarán contra la imposición por los gobiernos de la UE de una economía de guerra, lo que dará lugar a previsibles revueltas contra las imposiciones militaristas que conllevan desorbitados gastos en armamento, más recortes  de gastos sociales, la desindustrialización y el desempleo, y los intentos de los gobiernos de la introducción del servicio militar obligatorio para colocar a la juventud europea como carne de cañón.

La vinculación entre los diferentes aspectos de esta realidad tiene su clave de bóveda en la crisis general del capitalismo que sólo se puede superar con necesaria alianza de las clases trabajadoras con otros sectores sociales como los agricultores y pequeños propietarios de industrias y comercios. Indudablemente esos sectores pueden ser caldo de cultivo del fascismo, pero dado que levantan objetivos netamente antimonopolistas, es posible mostrarles que la alternativa no es volver atrás, sino abrir procesos de trabajo cooperativo y de socialización en alianza con la clase obrera.

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