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Ecologistas denuncian que las plantas biogás “no son circulares” y que el Gobierno de Extremadura “incumple la legislación de transparencia”

El grupo Ecologistas en Acción en la comarca de Tierra de Barros ha denunciado que las plantas de biometano “no son circulares” y que el Gobierno de Extremadura “incumple la legislación de transparencia” en torno a los tres proyectos que se están poniendo en marcha en la región, en Villanueva de la Serena, Oliva de Plasencia y Villafranca de los Barros.

Tras una reunión en Villafranca de los Barros con representantes de la Plataformas Salvemos la Coronada, Stop Biogás Oliva de Plasencia, así como de Ecologistas en Acción de La Manchuela de Castilla La Mancha y de Ecologistas en Acción de Extremadura, han emitido un comunicado para informar sobre las plantas también denominadas de biogás. 

“El funcionamiento de las plantas de biogás responde más a una lógica industrial que regenerativa, por lo que no son un paradigma de economía circular”, aseguran, y es que “sólo compensan una fracción muy reducida -entre un 5% y un 11%- de las emisiones del sistema ganadero”.

Transparencia y buen gobierno

La organización ha denunciado que la administración regional “no está cumpliendo con la legislación de transparencia y buen Gobierno”, sobre todo en el caso de Villanueva de la Serena que afecta a los vecinos La Coronada, que “llevan un mes sin poder hacer alegaciones porque no conocen el expediente”.

«Toda Extremadura conoce su oposición a la planta de biogás, y es que los coroneles desde hace varios años tienen que soportar los olores del macrovertedero regional de Villanueva de la Serena sin que sus quejas hayan sido escuchadas”. 

De esta manera, aseguran que en el anuncio de información pública del proyecto de la empresa Heygaz Spain, S.L. se producía “un nuevo incumplimiento de las leyes de transparencia” porque no da la información ambiental necesaria que, según Ecologistas en Acción, tampoco puede ser denegada porque implica emisiones al ambiente.

En Oliva de Plasencia, han señalado otro “atentado a la transparencia” porque “el director general de Sostenibilidad permitió en un primer momento que la empresa IAM Carbonzero presentara la mitad de los datos velados” lo que ha creado “desconfianza” entre los vecinos por intentar “ocultar datos”.

Malos olores y contaminación 

Sobre la planta de biometano en Villafranca de los Barros, impulsada por la empresa Helga Power y situado al norte de la localidad al lado de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR), cerca del Arroyo de Bonhabal, han señalado que “por lo que se describe en el proyecto básico, habrá olores y es posible que contamine el acuífero de Tierra de Barros en caso de lluvias torrenciales, por lo que no parece un proyecto en el que se hayan cuidado detalles que inspiren confianza”.

Respuesta a IAM Carbonzero

«No queremos dejar de contestar a IAM Carbonzero, que recientemente ha declarado en prensa que “las plantas de biometano son el (o un) paradigma de la economía circular”, pues creemos que confunde interesadamente el manejo tradicional de residuos en una granja familiar para reutilizarlos con el manejo industrial que se propone en una infraestructura para producir combustible fósil.

En este proceso industrial, se añaden insumos técnicos, industriales y químicos que sostienen artificialmente esos procesos, por ejemplo, el ácido sulfúrico se utiliza para reducir la carga de derivados del amoniaco y reducir la alcalinidad del pH en la biodigestión. Utilizar un insumo químico industrial con una huella de carbono considerable, añade un factor lineal, no circular y toxicidad al sistema.

En digestores anaerobios se usan óxidos de hierro como parte del control del ácido sulfhídrico y proteger los equipos de la corrosión. Pero el óxido de hierro no es renovable pues su uso implica una dependencia lineal, no circular,  de recursos minerales. Ahí tenemos el proyecto minero de Campillo en el Geoparque Villuercas Ibores y las consecuencias del extractivismo en los territorios.

El carbón activado es utilizado para la purificación del biogás obtenido en el digestor, para convertirlo en biometano, se utiliza para filtrar ácido sulfhídrico, compuesto orgánicos volátiles y siloxanos. Pero la producción de carbón activado requiere procesos energéticamente intensivos y su capacidad de adsorción es finita, por lo que debe regenerarse o desecharse como residuo contaminante y esto nos aleja también de la circularidad.

Otros inputs técnicos que se utilizan en estas plantas son los polímeros sintéticos utilizados para deshidratar el digestato, que es el residuo sólido y líquido del biogás. Los floculantes y coagulantes para el tratamiento de aguas residuales del sistema. La energía térmica y eléctrica necesaria, sobre todo en climas fríos para mantener la temperatura. Los controles electrónicos, sensores, bombas, automatización que suponen una dependencia de las tecnologías fósiles y materiales críticos.

No se cumplen los principios de circularidad de base que son : reducir la dependencia de insumos vírgenes, minimizar residuos y evitar externalidades.

La afirmación de que las plantas de biometano son un paradigma de la economía circular es una simplificación que no resiste tampoco un análisis sobre su eficiencia energética ni sobre su huella de carbono, pues sólo compensan una fracción muy reducida —entre un 5% y un 11%— de las emisiones del sistema ganadero.

El funcionamiento de las plantas de biogás responde más a una lógica industrial que regenerativa. Por tanto, no son un paradigma de economía circular. Habría un acercamiento a la circularidad con un uso exclusivo de residuos locales que evitase cultivos destinados a la fabricación de combustibles o su importación; integrando en el proceso cogeneración de calor en ciclos productivos: invernaderos, calefacción en el medio rural, etc.; tratando el digestato de forma adecuada y con control de nutrientes para reincorporarlo al suelo, formando parte de un diseño agroecológico integral, con rotación de cultivos, ganadería extensiva, compostaje, respeto a la biodiversidad. 

Sin embargo: las plantas de biometano están desconectadas del sistema agrario de origen y compran sustratos; no valorizan el calor; operan con cultivos dedicados o residuos de industrias intensivas: purines, lodos, restos agroindustriales; generan digestatos con posibles cargas contaminantes; y solo compensan una fracción pequeña de la huella del sistema del que dependen.  Y no consideran la queja de los vecinos de que alejen este tipo de plantas de los cascos urbanos».

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