1

¿Quién dice? ¿Quién nombra? ¿Qué se nombra?

¿Quién dice? ¿Quién nombra? ¿Qué se nombra? ¿Qué es quien nombra y lo nombrado? Lo nombrado y el que nombra se reúnen en la palabra, en el nombre. Tanto lo nombrado como el que nombra cobran sentido en el decir. El sentido está en el mostrar de lo que se nombra o se dice. El quién y el qué se rebelan en el acto de nombrar. Y rebelarse es mostrarse, no decir. Porque el decir necesita del que dice y lo señalado como lo dicho. Pero esto sólo puede ser mostrado en el acto del decir.
Es curioso. Por eso la Palabra, el sonido, la vibración está en la base del universo. Es el acto de nombrar el que origina lo nombrado. Claro, lo nombrado y el nombrar no son distintos. Pero tampoco idénticos.
Descansar, pues, en las palabras, en lo que se muestra con y a través de ellas es descansar en el Ser. Es fundirse en el Ser que se es y se dice, pero su decir sólo muestra o lo muestra. Habitar el lenguaje es inevitable, pero si podemos hablar del lenguaje y distinguir entre lo que se dice, lo que se muestra, la cosa y los procesos es porque, de alguna manera estamos dentro y fuera del lenguaje. Somos, metafóricamente (o, no tanto), lo creado y el creador de lo que hay.
No hay resistencia, es imposible la resistencia. Sólo se puede ser en la corriente de lo que deviene que es lo mostrado en el nombrar, donde se confunden lo nombrado y el nombrar. Pero no deja de ser todo esto enigmático, misterioso: lo místico. Que el mundo sea en tanto que es nombrado y que ese decir sea un mostrar, o, mejor, mostrarse.
Lo místico se esconde detrás de las palabras. En el silencio previo al nombrar. Por eso nombrar es, de alguna manera, nombrarse. Cuando se intenta mostrar la creación o la emergencia de lo que hay se relaciona con el nombrar. Nombrar es decirse y proyectarse. Nombrar es crear que no es más que la emanación. La emanación es como el desbordamiento de lo mismo que no se contiene a sí mismo.
Podría parecer todo esto un galimatías; pero no es nada más que bordear lo que no se puede decir: lo místico. Ser y existir es habitar en y desde lo místico. Sumergirse en el lenguaje, disolverse en el lenguaje. Emanar de él en el mismo decir que sólo puede mostrar y mostrarse en lo mostrado.

Deja un comentario

Descubre más desde La Gaceta Independiente

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo