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La alegría es unión, armonía, disolución de la frontera de los yoes

El regocijo, la alegría es amarse y amar. No se ama desde la tristeza. En la tristeza surge la separación, la dualidad, el rencor, el resentimiento y, al final, el odio. La alegría es unión, armonía, disolución de la frontera de los yoes.

En el estado de regocijo por las cualidades de los demás uno se olvida de sí mismo como separado y el impulso de la admiración, con asiento en la ecuanimidad -todos somos iguales- nos anima a imitar al que ha conseguido ser virtuoso. Todos podemos serlos. Además, en la alegría, el gozo surge de la virtud. Es, en sí mismo una virtud. La cuestión no es reflexionar sobre todo esto. Sino probarlo. Probar a estar alegre por ti y por los logros de los demás, a ver qué ocurre. Tanto las teorías como las palabras sobran.
Una vez más el gozo que experimentamos elimina el samsara de la dualidad y emerge, del estado de gozo, la vacuidad. Una vez más, repito, vuelven a entrelazarse los caminos de la compasión y la sabiduría.

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