La alegría, el regocijo ante las cualidades de los demás y de uno mismo; así como los hechos de la vida, míos y de los otros, cuando emerge el regocijo, la alegría de ser y de que los otros sean, disuelve el juicio. Pero, profundizando, dejándose caer, se desdibuja la singularidad de los hechos y cualidades. Se disuelven en un todo, una nada, una Presencia. Regocijo, pero no del yo. Es la PRESENCIA misma el regocijo.
Evidentemente, si reflexionamos y analizamos, lo cual es dejar la contemplación y pasar a la razón y el entendimiento, el mal y el sufrimiento están ahí. Pero pienso que sin la alegría del reconocimiento de nuestra (de todos) bondad originaria no podremos ejercer la ayuda (compasión, ni pena, ni lástima. Acción para que el otro salga de las causas y condiciones del sufrimiento) desinteresada e incondicional. Para evitar que el otro sufra (dolor y sufrimiento del mundo: humanos, demás seres vivos y la Tierra), la acción desinteresada e incondicional requiere del vaciamiento del alma o mente. Ausencia de creencias e ideas; sólo alegría de ser, que no excluye el dolor por el sufrimiento del otro.
La alegría, el regocijo ante las cualidades de los demás y de uno mismo; así como los hechos de la vida, míos y de los otros, cuando emerge el regocijo, la alegría de ser y de que los otros sean, disuelve el juicio. Pero, profundizando, dejándose caer, se desdibuja la singularidad de los hechos y cualidades. Se disuelven en un todo, una nada, una Presencia. Regocijo, pero no del yo. Es la PRESENCIA misma el regocijo.
Evidentemente, si reflexionamos y analizamos, lo cual es dejar la contemplación y pasar a la razón y el entendimiento, el mal y el sufrimiento están ahí. Pero pienso que sin la alegría del reconocimiento de nuestra (de todos) bondad originaria no podremos ejercer la ayuda (compasión, ni pena, ni lástima. Acción para que el otro salga de las causas y condiciones del sufrimiento) desinteresada e incondicional. Para evitar que el otro sufra (dolor y sufrimiento del mundo: humanos, demás seres vivos y la Tierra), la acción desinteresada e incondicional requiere del vaciamiento del alma o mente. Ausencia de creencias e ideas; sólo alegría de ser, que no excluye el dolor por el sufrimiento del otro.La alegría, el regocijo ante las cualidades de los demás y de uno mismo; así como los hechos de la vida, míos y de los otros, cuando emerge el regocijo, la alegría de ser y de que los otros sean, disuelve el juicio. Pero, profundizando, dejándose caer, se desdibuja la singularidad de los hechos y cualidades. Se disuelven en un todo, una nada, una Presencia. Regocijo, pero no del yo. Es la PRESENCIA misma el regocijo.
Evidentemente, si reflexionamos y analizamos, lo cual es dejar la contemplación y pasar a la razón y el entendimiento, el mal y el sufrimiento están ahí. Pero pienso que sin la alegría del reconocimiento de nuestra (de todos) bondad originaria no podremos ejercer la ayuda (compasión, ni pena, ni lástima. Acción para que el otro salga de las causas y condiciones del sufrimiento) desinteresada e incondicional. Para evitar que el otro sufra (dolor y sufrimiento del mundo: humanos, demás seres vivos y la Tierra), la acción desinteresada e incondicional requiere del vaciamiento del alma o mente. Ausencia de creencias e ideas; sólo alegría de ser, que no excluye el dolor por el sufrimiento del otro.La alegría, el regocijo ante las cualidades de los demás y de uno mismo; así como los hechos de la vida, míos y de los otros, cuando emerge el regocijo, la alegría de ser y de que los otros sean, disuelve el juicio. Pero, profundizando, dejándose caer, se desdibuja la singularidad de los hechos y cualidades. Se disuelven en un todo, una nada, una Presencia. Regocijo, pero no del yo. Es la PRESENCIA misma el regocijo.
Evidentemente, si reflexionamos y analizamos, lo cual es dejar la contemplación y pasar a la razón y el entendimiento, el mal y el sufrimiento están ahí. Pero pienso que sin la alegría del reconocimiento de nuestra (de todos) bondad originaria no podremos ejercer la ayuda (compasión, ni pena, ni lástima. Acción para que el otro salga de las causas y condiciones del sufrimiento) desinteresada e incondicional. Para evitar que el otro sufra (dolor y sufrimiento del mundo: humanos, demás seres vivos y la Tierra), la acción desinteresada e incondicional requiere del vaciamiento del alma o mente. Ausencia de creencias e ideas; sólo alegría de ser, que no excluye el dolor por el sufrimiento del otro
Es la presencia misma el regocijo
