El amor es la cualidad por la que nos abrimos a todos los seres y nos disolvemos en la vacuidad. Pero esa disolución es la eliminación del egocentrismo que se sustituye por la plenitud en la vacuidad. No olvidemos el Sutra del corazón: “Vacuidad es forma y forma es vacuidad”, ni al maestro Nagarjuna: “El nirvana está en el samsara y el samsara en el nirvana”. Y esto me suena al Tao, al Tao que no se puede nombrar; porque tanto el Sutra del corazón, como los versos de Nagarjuna apuntan a lo inefable por medio de mostrar con el lenguaje.
Hay un momento en el que el lenguaje ya no dice, sino que muestra y lo que viene después es el silencio, vacuidad y plenitud al unísono. Lo que señala el Sutra y lo que nos dice Nagarjuna es el wu wei del Tao Te Ching. Acción sin reacción. La acción que emerge de la no acción, el fluir no como el agua, sino siendo agua (disolución del yo). Como vemos a pesar de las diferencias sutiles, de los contextos histórico-filosóficos que rodean a los diferentes caminos místico-sapienciales, se apunta o se muestra lo mismo. Pero, obviamente, la gran riqueza de esto es que se expresan, tanto en su exposición y explicación, como en la práctica de forma distinta. La armonía del Tao es el amor incondicional a todos los seres que nace de nuestro deseo de que todos los seres sean felices. Parece que hay una intencionalidad que no la hay en el Taoísmo, pero no es así. Todo es samsara y nirvana. No nos engañemos; el deseo de la felicidad de todos los seres entra en una apertura que es la acción sin reacción. En cuanto desaparece la ilusión del yo emerge la armonía del Tao.
Sé que, intelectualmente, son tesis arriesgadas y que, académicamente, necesitan una fundamentación que, por su puesto yo no la haré, porque no me interesa, lo estudio, lo practico y así lo siento. Este camino, ya no es el del conocimiento; sino el de la sabiduría. Un camino que ya no es una vía que hay que recorrer con la inestimable ayuda de un maestro; sino un no camino (otra vez lo inefable), quizás la aspiración a la Bodhichita o la Bodhichita misma que necesita ser sostenida porque está naciendo como Presencia, no camino. Por eso es un no camino. La Bodhichita es el deseo de que todos los seres sean felices, pero cuando se siente por un instante se percibe que anula el tiempo y el espacio, que se derrama, que se desborda. Por eso ya no hay camino; sino que tú eres el propio camino hasta que la Bodhichita: el amor, la compasión, la armonía del Tao, sea el estado mental, la plenitud de la vacuidad. Esa Clara Luz o Rigpa, la Consciencia, la Naturaleza última innombrable. Otra vez la resonancia: “El Tao que no se puede nombrar es el Tao verdadero”. De Lao Tze. Y, curiosamente, esto me recuerda a ese enigmático libro, del no menos enigmático personaje, el filósofo Wittgenstein, que es el “Tractatus Logico-Philosóphicus”. Y que termina con la proposición 7. “De lo que no se puede hablar mejor es callarse”. Y en el que se afirman cosas como: “El sentido del mundo es lo inefable”. En fin, cuando se trasciende el intelecto, el conocimiento empieza a ser sabiduría y ésta, silencio. No se necesitan pruebas. Es vivencia inefable.
El amor es la cualidad por la que nos abrimos a todos los seres y nos disolvemos en la vacuidad
