Ana y Petra han enterrado por fin a su abuelo, Francisco Delgado Machío, 89 años después de que fuera apresado por las tropas franquistas durante la Guerra Civil y tras toda una vida escuchando a su madre hablar de él, del padre que le arrebataron cuando solo era una niña.
“Estamos contentas y enormemente agradecidas. Sentimos paz, tranquilidad y, sobre todo, que se ha hecho justicia”, afirma Ana Álvarez Delgado minutos antes del acto celebrado este lunes en el cementerio de Almendralejo, donde los restos de su abuelo descansan ya junto a los de sus hijos.
La identificación de Francisco Delgado, natural de Hornachos y jornalero de profesión, se llevó a cabo a partir de muestras óseas recuperadas en 2023 durante la segunda campaña de excavación en el cementerio de Sant Francesc Xavier, en Formentera. El Govern balear confirmó su identidad gracias a la comparación del ADN con muestras de su hijo ya fallecido, además de la coincidencia de información histórica, arqueológica y antropológica.
Francisco Delgado nació el 8 de noviembre de 1890 en Hornachos y ejerció como cabo de la guardia municipal durante la Segunda República. En marzo de 1941 fue trasladado al penal de Formentera desde la prisión de Badajoz, acusado de adhesión a la rebelión. Murió el 18 de octubre de ese mismo año, víctima de las duras condiciones de vida en la colonia penitenciaria, “marcadas por trabajos forzados, maltrato, insalubridad y escasez de alimentos, que provocaron enfermedades como inanición, colapso, avitaminosis o tuberculosis”, según los informes del proyecto.







Para sus nietas, el reencuentro con su historia familiar ha sido tan emotivo como reparador. “Nos sentimos entre la alegría y la tristeza: alegría porque al final está con los suyos, y tristeza porque nunca imaginamos que este momento llegaría”, confiesa Petra Álvarez. Recuerda cómo su madre, entonces una niña de siete años, caminó junto a su abuela desde Hornachos hasta Almendralejo buscando refugio y trabajo. “Mi madre y mi tía se vinieron andando con la abuela María. Desde entonces la familia se asentó aquí, y hoy mi abuelo vuelve también”, cuenta emocionada.
Ana, su hermana, asegura que este acto cierra una herida abierta durante casi un siglo. “He vivido toda mi vida escuchando a mi madre hablar de mi abuelo, del que nunca se supo nada. Hoy le damos su sitio en su tierra y con los suyos. Es un día de paz y de justicia”.
El proceso para recuperar sus restos comenzó hace dos años, cuando el Ayuntamiento de Hornachos publicó un bando informando de la búsqueda de familiares de un hombre llamado Francisco Delgado Machío. Una amiga de la familia lo vio y avisó a las nietas, que contactaron con el equipo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, responsable de las exhumaciones en Formentera.
El alcalde de Hornachos, Francisco Buenavista, recuerda que “Francisco Delgado fue uno de los responsables del gobierno local republicano que huyeron del pueblo ante la inminente entrada de las tropas franquistas en agosto de 1936”. Tras su detención, fue encarcelado en Badajoz y deportado a Formentera, donde murió a los pocos meses. “Programas como este permiten recuperar la dignidad y la humanidad de quienes fueron asesinados o encarcelados sin ninguna garantía”, señaló el regidor.
El presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Tierra de Barros, Francisco Serrato, destacó que “estos actos sirven para cerrar heridas y dar un merecido reconocimiento público a las víctimas y sus familias”, y subrayó que la memoria democrática “no es cuestión de ideología, sino de verdad, justicia y reparación”.
Francisco Delgado es una de las 37 personas de la provincia de Badajoz identificadas hasta ahora entre los represaliados del penal de Formentera. Tras su entrega en Almendralejo, otros dos cuerpos fueron reinhumados en Santa Marta de los Barros y Zarza-Capilla.
“Todos necesitamos saber dónde están nuestros familiares. Es algo tan simple como poder venir a visitarlos, traerles flores y sentir que descansan en paz”, resume Petra. “A partir de hoy será una etapa nueva en nuestra vida. Hemos esperado casi noventa años, pero por fin está en casa”.

