La maestra fontanesa Trini Ortiz Herrera se ha jubilado el pasado 27 de marzo tras 37 años en activo, de los cuales 29 han estado vinculados al colegio público ‘Cruz Valero’ de Fuente del Maestre (Badajoz).
Recuerda que, al terminar COU, no tenía claro su futuro profesional y que fue su madre quien la animó a estudiar Magisterio en Santa Ana, en Almendralejo, donde existía la especialidad de Ciencias. Explica que al principio las asignaturas le resultaban similares a las ya estudiadas, pero que su interés creció con la pedagogía, la didáctica y la psicología evolutiva, y que terminó de enamorarse de la profesión durante las prácticas con alumnos.
Su primer destino fue el colegio ‘El Progreso’ de Badajoz, donde vivió una anécdota que aún recuerda: unos alumnos le robaron el monedero con 10.000 pesetas que su madre le había dado para sus primeros gastos. Posteriormente pasó por centros en El Gurugú, Villagonzalo, Olivenza y Gargáligas, en una etapa que califica de “caótica”, ya que no disponía de coche y tuvo dificultades para desplazarse y encontrar alojamiento.
Tras pasar por Valencia de las Torres y Fuentes de León, aprobó las oposiciones en 1991 y llegó al ‘Cruz Valero’, donde trabajó dos años antes de obtener plaza en Puebla del Prior, donde ejerció durante cinco años y llegó a ser directora. Su objetivo, no obstante, era regresar a su localidad, algo que consiguió tras la jubilación de Ángel Mangas, incorporándose definitivamente al centro fontanés, donde ha ejercido como maestra de inglés y secretaria durante 27 años.


Ortiz recuerda con especial cariño su etapa junto al director Silverio Olmedo y el equipo directivo que compartió con Enrique Morgado, con quienes impulsó proyectos como el Abril Cultural o encuentros con autores y narradores como Beatriz Osés, Pep Bruno, Carmen Ibarlucea o Agustín Iglesias. Posteriormente, destaca también su trabajo con Enrique Morgado como director y con la actual directora, Rosa Suárez.
Sobre la evolución del sistema educativo, considera que el paso de seis leyes educativas a lo largo de su carrera refleja la necesidad de un pacto de Estado en educación que aporte estabilidad.
De la pandemia destaca el esfuerzo conjunto de familias, alumnado y docentes, así como el papel de las nuevas tecnologías, que facilitaron la enseñanza. Recuerda especialmente la llegada de la pizarra digital, que supuso “un salto de gigante” frente a los recursos tradicionales que utilizaba en sus inicios.
La docente se emociona al recordar los homenajes recibidos antes de su jubilación, organizados por compañeros, alumnos y familiares, y asegura que uno de los recuerdos más valiosos que se lleva es el cariño recibido a lo largo de su trayectoria.
En esta nueva etapa, reconoce que al principio le costó adaptarse, aunque ahora valora disponer de más tiempo para su familia y su vida personal. Entre risas, comenta que su rutina matinal apenas ha cambiado porque su perra sigue despertándola a la misma hora.
Tras casi cuatro décadas dedicada a la enseñanza, Ortiz concluye que, si tuviera que volver a empezar, volvería a elegir la misma profesión.
