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Aforismos del sentido sin sentido.

El sentido de la vida es el sinsentido de la vida.

Nacemos, vivimos, luego nos empeñamos en existir. Pero, al final, morimos; es decir, que ni vivimos ni existimos.

La existencia es un buscar un sentido a lo que no lo tiene.

La locura es buscar sentido a la existencia.

Buscar sentido a la existencia es lo que llamamos normalidad.

El loco trasciende la normalidad y se sitúa en la autenticidad.

Vivir en el sentido es habitar el ámbito del sentido que está más allá del sentido.

Todo esto parece una locura porque no es más que un problema del lenguaje.

Si consideramos el lenguaje como un mero instrumento, entonces sabemos que lenguaje y realidad no se corresponden, o que no son lo mismo.

El que vive en la cotidianeidad o normalidad es el que identifica el lenguaje con la realidad.

Todo sentido místico de la existencia es trascender el lenguaje.

El lenguaje es lo que ha permitido ese monstruo que llamamos Progreso.

***

El lenguaje ha permitido también otra aberración: la sociedad.

Sociabilidad es convencionalismo.

El convencionalismo es un acuerdo que nos permitimos gracias al lenguaje.

Sin convencionalismos no es posible la vida. Pero un convencionalismo nada tiene que ver con la verdad ni con la vida. Porque la verdad es la vida y su misterio.

Los convencionalismos, en muchas ocasiones, están en contra de nuestra intuición.

La intuición trasciende el lenguaje.

La intuición nos lleva a la autenticidad.

La autenticidad es el ámbito del Ser al que se llega trascendiendo el lenguaje.

Trascender el lenguaje nos lleva al Ser que se Es.

Y a esto es a lo que llamo libertad.

Para ser libre es necesario trascender el lenguaje, los convencionalismos, la sociabilidad.

Sólo los hombres libres crean el ámbito de la sociabilidad. Porque sólo los que son libres intuyen aquello que está más allá y más acá de lo cotidiano.

El hombre sólo puede vivir en lo cotidiano. Pero el hombre libre sabe que lo cotidiano no es el Ser que se Es. Por eso los hombres libres viven trágicamente.

De alguna manera ser libre es ser consciente de la escisión que somos. El esclavo, el que está instalado en la cotidianeidad, lo que le ocurre es que es un inconsciente. Con todas las consecuencias que ello tiene. Porque ser un inconsciente no significa ser un inocente.

Ser inconsciente es alguien que olvida y se esfuerza por olvidar quien es y se viste con los andrajos de la convencionalidad.

Lo convencional es el ropaje de la sociabilidad.

El esclavo se siente a gusto dentro de estos ropajes, dentro del convencionalismo y olvida que representa un papel.

El esclavo es siervo de sí mismo: del miedo y del poderoso: el dueño de los convencionalismos.

El esclavo que es consciente e indiferente y que vive alegre la representación es un cómplice del ocultamiento.

Lo oculto es lo que está más allá de lo convencional.

Lo oculto es el sinsentido.

Ser valiente es ser libre de habitar lo oculto: el sinsentido.

Habitar el sinsentido es el sentido de la libertad.

Uno habita el sinsentido cuando se vuelve loco.

Volverse loco es trascender los límites de lo convencional. Por eso el loco es el ser libre. El que es consciente de la escisión, de la dualidad, de la gran mentira que emerge del lenguaje.

El loco es indefinible precisamente porque ha trascendido el lenguaje.

Quien intenta definir al que llamamos loco (el hombre libre y valiente, el solitario) es como intentar definir a lo que Es y No Es a la vez.

Ser y No Ser son lo no manifiesto. Y lo no Manifestado es innombrable porque trasciende el lenguaje.

En suma, el loco es el sabio. El sabio no habla, señala. Y señala desde la libertad que emerge de lo No Manifiesto, de la armonía de los opuestos. 

El sabio crea el sentido en cada instante y a eso lo llamamos libertad.

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