Foto Ayto Villafranca de los Barros
El Teatro del Colegio San José de Villafranca de los Barros se llenó hasta el último asiento para vivir una noche distinta, íntima y emocionante. En la tercera edición del Encuentro de Creadores Valores con Arte, la poesía y la música se dieron la mano para hablar de las cosas que importan: la memoria, la dignidad, la empatía, la necesidad de sentir.
Rozalén, acompañada por la intérprete de lengua de signos Bea Romero, convirtió el escenario en un espacio de complicidad y ternura. Entre canción y canción, recordaron a las mujeres a las que les ha fallado el cribado del cáncer de mama, y también a quienes sufren hoy bajo los pañuelos palestinos. Hubo emoción contenida, fuerza y una delicada belleza en cada gesto.
La artista manchega, con la pureza que siempre reivindica de su tierra y de la Extremadura que la acoge, evocó a Chavela Vargas para dar las gracias “por quererme no por quien soy, sino por cómo soy”. Bea, por su parte, recordó que en el mundo existen muchas lenguas de signos —y en España dos oficiales— y adelantó que emprenderá una gira de formación dirigida a intérpretes que quieran trabajar en conciertos.
El poeta y periodista Juan José Téllez aportó el contrapeso de la palabra reflexiva. Habló de la poesía como “una botella lanzada al mar por un náufrago”, sin saber si alguien la abrirá algún día, y dejó caer una ironía cargada de verdad: “Nos preocupa mucho la inteligencia artificial, pero deberíamos preocuparnos más por la natural, porque está creciendo exponencialmente el número de idiotas por metro cuadrado”. Su defensa de la inteligencia emocional arrancó un aplauso largo, sincero.
El extremeño José Manuel Díez, Duende Josele, actuó como maestro de ceremonias y tejió los hilos entre música y palabra con la ayuda del pianista Alberto Terrón.
En la voz de Rozalén, la canción dedicada a Justo, un desaparecido en la Guerra Civil, sonó como un recordatorio necesaria ‘en los tiempos que corren’.
La velada se cerró con las palabras de la concejala de Cultura, Miriam García, y el alcalde de Villafranca de los Barros, Francisco Jiménez, que agradeció a los artistas “por ser los médicos del alma”.
Después leyó un poema, antes de entregar una placa conmemorativa de la Ciudad de la Música como recuerdo de un encuentro que volvió a demostrar que la cultura sigue siendo una herramienta poderosa de cambio y transformación social.

